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En cuanto arrancaron las negociaciones en la industria automotriz del 2011 en General Motors Co., Ford Motor Co. y Chrysler Group LLC, el presidente de la UAW, Bob King, no dejó que fuera ningún secreto para nadie que traer de vuelta empleos de manufactura a los Estados Unidos y dar estabilidad a los empleos de nuestros agremiados era su principal prioridad.
Desde los años 80, la clase media ha estado en apuros. La competencia global, la contratación externa, la desregulación y el crecimiento del sector de servicios han limitado la capacidad de las familias de la clase obrera sostenerse a un nivel de vida como el de los días de prosperidad. Tal como han subrayado King y el presidente Barack Obama, la forma de restituir a Estados Unidos es restituirles a los estadounidenses su trabajo.
Con esta meta común, las negociaciones de la UAW han sido hasta ahora un éxito. Luego de intensas negociaciones en GM, Ford y Chrysler, los agremiados a la UAW han logrado acuerdos que les agregarán a estas compañías más de 20 000 empleos de fabricación directa para antes del 2015.
“En esta ronda de negociaciones, la UAW agregó casi la mitad de los empleos que las empresas en su conjunto añadieron a la economía entera de los Estados Unidos en el mes de agosto. Y esto, en un área que es la fabricación, donde se habían perdido millones de empleos desde los inicios de la Gran Recesión a finales de 2008. El hecho de que la UAW haya añadido decenas de miles de empleos en esta ronda de negociaciones representa una importantísima salida de lo que ha estado pasando en los últimos años. Redefine la capacidad de Estados Unidos de competir en la economía global”, indicó Harley Shaiken, maestro de la Universidad de California en Berkeley, especialista en problemáticas laborales.
Sin embargo, la cantidad de empleos directamente añadidos por estos contratos no representa un panorama completo de los efectos que tiene en la economía estadounidense a nivel más amplio. Es tan compleja la fabricación automotriz (nuevos empleos requieren máquinas, herramientas, materiales, partes y una multitud de otros aditamentos conectados con la producción de un nuevo carro), que hay un efecto de cascada, lo cual amplifica el impacto benéfico de cada nuevo empleo de manufactura añadido al sector automotriz.
Según el centro de investigación de la industria automotriz Ann Arbor —con sede en Mich.—, por cada empleo de manufactura automotriz se crean o se conservan otros nueve empleos. Estos empleos se encuentran en la industria de abastecedores, así como en empleos que permiten a las comunidades florecer, tales como restaurantes, centros comerciales y tiendas misceláneas, y teatros o cines. Además, los empleos en el sector de manufactura automotriz con sueldos negociados por la UAW generan millones de dólares en impuestos a los ingresos, y eso es un apoyo a los maestros, policías y bomberos.
A medida que la contratación externa se volvió cada vez más común durante la década de los 90 y en el siglo XXI, su efecto en los vecindarios, en los pueblos y en las ciudades ha sido desastroso. Los negocios que alguna vez fueron florecientes plantas de fabricación tuvieron dificultad para mantener sus puertas abiertas entre reducciones de turno y reducciones en la cantidad de obreros.
El acuerdo tentativo de UAW-Ford de 2011 traerá de regreso a los Estados Unidos empleos de fabricación —con salarios sindicales y coberturas de seguros— provenientes de China, México y Japón.
Este acuerdo añade 5750 empleos nuevos representados por la UAW, lo que significa un total de más de 12 mil nuevos empleos junto con los que había anunciado Ford previamente. Estos empleos, además de los 6400 anunciados por GM y los 2100 en Chrysler, demuestran una vez más que la industria automotriz estadounidense está en marcha otra vez. Los 12 mil empleos de Ford, que representan una inversión de $22.3 mil millones, significan la creación de otros 108 mil empleos adicionales en el sector de abastecedores y en otros negocios relacionados con la industria automotriz.
Juntos, la UAW con GM, Ford y Chrysler están ayudando a crear cerca de 180 000 empleos para los estadounidenses.
El efecto multiplicador de los empleos de manufactura automotriz es tan grande que forma una verdadera maquinaria económica. (1) El Centro de Investigación Automotriz (CAR, por sus siglas en inglés), calculó en 2010 que cada trabajo del sector de fabricación automotriz tiene un efecto multiplicador por 10.
Un primer ejemplo es la planta de Spring Hill, Tenn. Fue abierta en 1990 como la única planta de manufactura en la División Saturn de GM. La instalación de Spring Hill proporcionó un auge económico para este pueblo de la región central de Tennessee.
Luego de la fase de salida de la marca Saturn y de que fuera descontinuada la Chevi Traverse de GM, casi cuatro quintas partes de los empleados de la planta fueron cesados o transferidos a otras plantas de ensamblaje. El resultado que esto tuvo en la población es algo que hemos visto con demasiada frecuencia en lugares como Flint, Mich., y Hazelwood, Miss.
Un aspecto destacable del acuerdo recientemente ratificado entre la UAW y GM es que la planta de Spring Hill —parada desde 2009— se reabrirá y será reabastecida de herramientas.
Igualmente, las negociaciones UAW-Ford lograron obtener enormes compromisos de utilización interna de la fuerza de trabajo en el acuerdo propuesto, cuya ratificación al cierre de esta edición estaba todavía sometida a votación por los afiliados.
Desde 2005, cuando las primeras Ford Fusion empezaron a salir de la línea, los obreros de Ford —y muchos estadounidenses en general— lamentaron no poder comprar el sedán mediano porque estaba siendo construido exclusivamente en México.
La próxima generación de Ford Fusion está programada para construirse en la fábrica Auto Alliance de Flat Rock, Mich., que actualmente está limitada a un turno y que descontinuará su producción de Mazda 6 en 2013. Traer el Fusion, que es uno de los vehículos más vendidos de Ford, permitiría a la planta volver a su operación de dos turnos.
Tanto la reapertura de la planta de ensamblado de Spring Hill como la posible utilización expandida de la instalación de Auto Alliance son ejemplos del compromiso de la dirigencia de la UAW para trabajar con los fabricantes nacionales de vehículos a fin de conservarlos a costos competitivos con los fabricantes extranjeros, al tiempo que se puedan crear empleos de manufactura norteamericana que antes estaban siendo subcontratados en países de bajos salarios como México y China.
La clase media es el verdadero motor del crecimiento económico en Estados Unidos.
A medida que la economía estadounidense continúa buscando señales de vida, nosotros debemos seguir el camino pavimentado por los éxitos en cuanto a la utilización de mano de obra nacional mediante los contratos progresistas negociados con Ford, GM y Chrysler. Estos ejemplos seguirán asegurando que, mientras la economía estadounidense vuelve a marchar, el movimiento sindical organizado —y la UAW en particular— estarán en el asiento del chofer conduciendo el camino.
Escrito por Don Carlos Godfrey III y T. Andrew Huddleston.
Godfrey está en una asignación especial del Centro Nacional de Programas UAW-Ford (el NPC, por sus siglas en inglés) en Detroit.
Huddleston trabaja en NPC como asistente de trabajo digital.